Mandeville: el aventurero que nunca existio

Por Pablo Villarrubia Mauso

El libro de viajes más famoso de la Edad Media, “Libro de las Maravillas del Mundo” (1356) fue escrito por un gran mentiroso: Juan (Sir John o Jean) de Mandeville. Aunque hablara de tierras conocidas y desconocidas hasta su época, el escritor sólo visitó el Bizancio, Tierra Santa y, quizá, Egipto. No logró llegar a la India, según él mismo cuenta, por que “nosotros habríamos ido a ver estos árboles de sol y de la luna, si pudiéramos pasar, mas no podrían pasar cien mil hombres d’ armas, por causa de la gran copia de bestias salvajes…”

Exageraciones como estas aparecen a menudo en “Maravillas del Mundo”, donde monstruos grotescos, mujeres amazonas, tierras de tesoros y océanos repletos de criaturas abominables rellenan páginas y más páginas. Podemos decir que el mencionado libro fue un best-seller de su tiempo.

Se conocen más de trescientos manuscritos en diez lenguas diferentes y noventa ediciones hasta el año 1600. Hoy, cuando se habla de literatura de viajes, quizá debiéramos mirar hacia atrás para ver como nació este género a partir de la popularización de una obra a expensas de la imprenta, como nos dice Estela Pérez Bosch en un ensayo recopilado por Rafael Beltrán en “Maravillas, peregrinaciones y utopías” (Publicaciones de la Universidad de Valencia, 2000).

En lo personal, Mandeville era un hombre destrozado por el reumatimo, padecía de “gotas artríticas”, y quizá algo cobarde como lo atestiguaron algunos de sus coetáneos. Mandeville más bien se acercaba a lo cómico, aunque no lo pretendiera, y pincelaba de fantasía todo lo que entonces podía conocer a través de relatos personales de viajeros y de los libros.

Monstruos a granel

El bestiario de Mendeville es uno de los más ricos e ilustrados de toda la Edad Media. Nos habla de gansos de dos cabezas en la isla de Silo y sus leones blancos; los cangrejos gigantes de la isla de Pathen cuyos caparazones podían servir de habitación; del país de Pantoroze con su mar hecho de piedras y guijarros, sin una gota de agua y que se movía como las olas. En una isla del río Renemar los habitantes estaban cubiertos de plumas. O, aún, describía a los seres humanos con cabeza de perro, los sin cabeza, los cíclopes, pigmeos, gigantes, sátiros, hormigas mineras que buscaban oro para los humanos, etc.

Mandeville revelaba a sus lectores haber estado en el mítico reino del Preste Juan, un soberano cristiano que habitaba en medio de lejanas tierras de infieles donde campaban hombres con cuernos. El mismo Preste Juan, al combatir, no llevaba su bandera al frente, sino tres cruces de fino oro, grandes y altas, enclavadas de piedras preciosas. Cada una sobre un carro ricamente adornado. Para custodiar cada cruz se alistaban 10.000 hombres de armas y más de cien mil hombres a pie, según el libro.

En China, donde alegaba haber llegado, describió la vida de los mandarines que vivían “sin facer ningún fecho d’armas” y rodeados de “cincuenta doncellas y mujeres que le sirven a comer cada día, y tañen y facen otras cosas que le placen”…”sus uñas son tan largas que se enrollan en torno a los dedos”.

Además, situó el Paraíso Terrenal entre los ríos Fisón (o Ganges), en el que se hallan “muchas piedras preciosas y mucho madero de áloe e gran mena de oro”, el Agrón (o Nilo), el Tigris y el Éufrates. No se podía entrar en el paraíso pues había una sola entrada la “cual está cercada de fuego ardiente”. “En el más alto lugar, en medio del paraíso terrenal, está la fuente que echa los cuatro ríos que corren por diversas tierras”, es decir, los supradichos.

Si Mandeville nos habla del Paraíso, también describe – y con más detalles – el Infierno situado en el Valle Peligroso y de su temible guardián: “en medio del valle, encima de una roca, hay una cabeza que tiene la vista muy espantable de mirar…y tiene los ojos movibles y centelleantes…y lanza de sí fuego y fumo e tanto de mal olor que apenas ningún hombre lo podría sufrir”.

Antes de penetrar en el Valle, Mandeville y sus compañeros discuten si deben adentrarse a él o no. Por fin unos frailes le dan la comunión e, insuflado de ánimo, se lanza a la temible empresa: “y en esas tinieblas fuimos derribados en tierra más de mil veces y de diversas maneras, que apenas nos poníamos en pie volvíamos a caer”.

Cuando llega al infierno – quizá situado entre Bojara y Samarkanda – se topa con una gran multitud de bestias parecidas a “cerdos verdes y negros” que corrían entre sus piernas y que le hacían caer. “Y hallamos muchos muertos bajo nuestros pies, que se quejaban de que pasásemos por encima de ellos, lo que era muy espantoso de oír. Y estoy seguro de que si no hubiésemos recibido el Corpus Domini hubiéramos permanecidos perdidos en aquel valle”.

Por fin el aventurero y sus compañeros logran salir de aquél infierno aunque él quedara herido en el cuello, “de tal modo que pensé que la cabeza se me desprendía del cuerpo, y llevé una señal negra como el carbón más de dieciocho años”. Al fin de este tiempo, este sello diabólico se transformó en una señal blanca, prueba, quizá, de la “pureza” espiritual de Mandeville y de haber suplantado un obstáculo.

Plagio y confesión

Si es verdad lo que cuenta, el “Sir” nació en Sant Albans, Inglaterra y tuvo que huir de su tierra porque en 1322 mató a un hombre durante un duelo. Sus remordimientos le llevaron a peregrinar hacia Jerusalén, de donde partió a Asia, alargando su viaje durante 34 años. Después, en 1355, – según su dudosa narrativa – fue a Liège para consultar al famoso médico Juan de Borgoña, a quien entregó el manuscrito de sus aventuras. El galeno se lo publicó en francés, y no en inglés o latín, como sería lógico entonces.

Y para dar más veracidad a lo que narraba, solía escribir frases como estas: “Y los que hayan visitado este país…me creerán y sabrán si digo lo que he visto”. Mandeville dejó huella en lectores muy importantes, como Cristóbal Colón, que puso muchas anotaciones sobre las páginas de un ejemplar de las “Maravillas” del viajero imaginario.

Las ilustraciones de su obra excitaron la imaginación de muchos lectores, como la escena de dos orientales que ofrecen un cordero “vegetal”, mientras que tres occidentales responden blandiendo una rama de la cual penden tres pájaros, pues en Inglaterra existían “flores que caen en la tierra se tornan páxaros volantes y son buenos para comer”.

En su lecho de muerte, en noviembre de 1371, el doctor Juan de Borgoña reconoció que él era, en realidad ¡Juan de Mandeville! Es probable, según algunos historiadores, que este galeno viviera en Constantinopla durante muchos años y, que de allí, llegó a Jerusalén. También se descubrieron las víctimas de sus plagios: Plinio, Ptolomeo, el viajero Jean de Pian de Carpini y hasta Marco Polo.

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EL DIA EN QUE DESAYUNÉ CON STEPHEN HAWKING PARTE III: la antropóloga, el astronauta de la Apollo, el Premio Nobel y el fisico

Mi misión en la isla de Tenerife para “Cuarto Milenio” me llevó más de diez días preparando un promedio de diez preguntas para cada uno de los 12 participantes del congreso científico Starmus. Debí preparar los dosieres individuales para saber quien era, que hacía y qué había hecho cada unos de los ilustres hombres de ciencia y del espacio, a excepción de una sola mujer, la encantadora Katerina Harvati, antropóloga griega experta en el hombre de Neandertal. Su charla sorprendió gratamente a todos al igual que la entrevista que me concedió. Habló sobre la posibilidad de que hubieran existido híbridos entre el Homo sapiens y el Neandertal y de que haya quedado algunos de sus genes en nuestra especie. Una de las preguntas concernía a la posibilidad de clonar, algún día, al esta especie desaparecida. “Aún si lo lográramos, ¿qué haríamos con ese hombre?”. La respuesta me pareció curiosa, pues Katerina se refería a la cuestión ética de revivir un ser humano que había desaparecido y tenerlo como una especie de conejillo de indias en el ámbito de la ciencia.

En este universo machista de la ciencia – ¿no habrá ilustres mujeres astrofísicas? – me encontré con uno de los grandes científicos del siglo XX, al educado y afable doctor Robert Wilson, físico y Premio Nobel en 1978 por su importante hallazgo: la radiación de fondo de microondas del Universo que confirmó la teoría del famoso Big Bang y la expansión del Universo. Nos dijo una frase inquietante, algo así como: “es más fácil que ya nos hayan llegado señales de vida inteligente desde el espacio que nosotros hayamos desarrollado una tecnología capaz de captar tales señales”. Una frase, sin duda, para reflexionar. También nos hizo reír con un comentario: que debíamos culparle, en parte, a él, por haber votado en la Unión Astronómica Internacional por la exclusión de Plutón como noveno planeta del nuestro sistema Solar.

Sobre este aspecto – la de la comunicación con inteligencias extraterrestres – sí que nos dejó boquiabiertos Garik Armenian, el entrañable organizador del congreso y astrofísico. Me contó que es posible que los alienígenas, en alguna parte del Universo, hayan podido modificar la superficie o corona de las estrellas. Es decir, que podrían haber enviado en cohetes algunas toneladas de isótopos producidos de forma artificial – e ejemplo del tecnecio – hacia una determinada estrella. Esto cambiaría su composición y sería visible en sus rayas espectrales.

Garik me señaló que pretende emplear el telescopio de 10 metros de diámetro del observatorio de Roque de los Muchachos, en la isla de La Palma, para poder comprobar esta su teoría: la de alienígenas cambiado la composición estelar como forma de aviso o recado de la presencia de vida inteligente en el entorno de tales soles. Algo como mínimo muy curioso y fuera de las convenciones sobre métodos de comunicación.

Después de uno de los desayunos salimos a los jardines del bonito hotel y nos encontramos al astronauta norteamericano Walter Cunningham, de la misión Apollo 7 del año 1968 . Este auténtico héroe de los primeros años de la conquista espacial nos atendió cordialmente y se prestó a que le entrevistáramos. Con 82 años, parecía tener diez menos por su vitalidad y lucidez.

Cunningham se quedo conmocionado al saber de la muerte de tres de sus compañeros que hacían prácticas dentro de la Apollo 1, en tierra. Un error fatal – una chispa y una atmósfera cerrada de oxigeno puro – provocó un incendio dentro de la cápsula que carbonizó a los tres héroes en pocos minutos. Walter Cunningham formaba parte de la tripulación de reemplazo de aquellos compañeros y podría haber sido, en otras circunstancias, una de aquellas víctimas.

Aún así tuvo el valor de participar de la misión Apollo 7, la primera después de la malograda Apollo 1 en contar con una tripulación humana. Su buen desarrollo debía ser fundamental para la continuación de la misión Apollo para conquistar la Luna antes que los soviéticos. Si Cunningham no hubiera realizado una serie de complicadas maniobras en órbita de la Tierra con éxito total el hombre (por lo menos los Estados Unidos) jamás habrían llegado a poner los pies en nuestro satélite natural: la NASA se hubiera visto obligada a cancelar todo el programa Apollo.

Pues allí estaba yo delante del hombre que permitió dar continuidad a aquél sueño tan hermoso. Contestó a todas las preguntas sin rechistar, incluso una que hacia referencia a unas presuntas esferas verdosas que había visto durante su vuelo espacial a la altura de Australia.

Cunningham dijo que no se trataba de Ovnis y que no creía que alguno de sus antiguos compañeros hubiera visto alguno. Lo dijo con mucha tranquilidad y firmeza. También añadió que él y otros astronautas afirman que no existe efecto invernadero provocado por la emisión de gases por parte del hombre. “La Tierra viene calentándose por otros motivos, naturales, desde hace siglos”. Éste mismo tema acabó por desencadenar una trepidante y tensa discusión en una rueda de prensa con el premio Nobel de química, Harold Kroto, que defendió una posición contraria. Kroto presentó una excelente ponencia (como casi todas) titulada “Carbono en Nano y el Espacio Ultraterrestre” mostrando también ser un buen editor de imágenes, ágiles y didácticas.

Por la tarde del día 24 de septiembre Cunningham nos brindó con su magnífica charla, una auténtica oda a la conquista del espacio y de nuevas fronteras del Universo. Empezó hablando sobre los viajes oceánicos de Hernán de Magallanes (o Fernão de Magalhães, pues era portugués), de los españoles, portugueses e ingleses que expandieron las fronteras de la vieja Europa. Destacó que fueron tres los elementos para llevar el hombre a la Luna: los recursos de una nación, la tecnología y la voluntad humana. Cunningham dijo que no fue por dinero que viajó en la Apollo 7 – fueron tan solo 700 dólares de la época – mas por una voluntad férrea de superarse y de lograr un tanto más en la conquista del espacio. Y lo consiguió.

Cunningham criticó la actual administración de la NASA y a los políticos de su país que no invierten en la conquista del espacio, que no quieren asumir riesgos. “Hoy la NASA está llena de burócratas que intentan eliminar los riesgos en base a la seguridad. La exploración del espacio no trata de eliminar riesgos sino de gestionarlos. Eso es una muestra de lo poco que arriesga nuestra sociedad actual”, critica el astronauta y añade: “hace falta que los nuevos exploradores estén dispuestos a morir si hay que conquistar el espacio. Yo pensaba así cuando volé en el Apollo 7”.

El congreso Starmus de Tenerife proseguía con su desfile de sabios. Sumamente interesante fue la charla de John Ellis, físico de partículas y uno de los mayores genios científicos de la humanidad. Trabaja en el CERN de Suiza donde los aceleradores de partículas son su día a día para deslindar los orígenes del Universo. Me acerqué para solicitarle una entrevista y accedió sin problemas. Llevaba una camiseta negra cubierta de fórmulas matemáticas. Sus cabellos blancos y largos, barba y gafas pequeñas llaman la atención del público y todos quieren fotografiarse con él, con el genio informal de la física.

Le pregunté sobre la célebre “partícula de Dios” y él me corrigió: “nosotros, los científicos, no nos gusta ese nombre, preferimos decir el Bosón de Higgs, el nombre de su descubridor”. Ellis aún duda sobre la existencia de Universos Paralelos y prefiere estudiar el nuestro que es más accesible. Habla un español perfecto y nos dijo que su esposa es colombiana. Hay una foto muy buena en Internet donde aparece Ellis en su despacho, rodeado de altas pilas de libros y papeles sobre su escritorio. De seguir así este gran físico podrá aún desvelar algunos de los grandes enigmas de la física como, por ejemplo, ¿dónde fue a parar la antimateria?

Walter Cunningham, astronauta de la Apollo VII firma una foto oficial de la misión para Pablo Villarrubia

Walter Cunningham, astronauta de la Apollo VII firma una foto oficial de la misión para Pablo Villarrubia

John Ellis, el gran físico del CERN

John Ellis, el gran físico del CERN

Katernia Harvati, una gran estudiosa de los neandertales

Katernia Harvati, una gran estudiosa de los neandertales

Robert Wilson, premio Nobel de Física

Robert Wilson, premio Nobel de Física

Walter Cunningham astronauta de la misión Apollo 7

Walter Cunningham astronauta de la misión Apollo 7

EL DÍA EN QUE DESAYUNÉ CON STEPHEN HAWKING parte 2

El gringo simpático y el zoólogo británico maleducado

Vista desde el Hotel de Abama de la isla de la Gomera durante el festival Starmus 2014

Vista desde el Hotel de Abama de la isla de la Gomera durante el festival Starmus 2014

Mark Boslough: un científico simpático e investigador de meteoros

Mark Boslough: un científico simpático e investigador de meteoros

acreditacion prensa pablo

Durante un de los “coffee break” del Starmus me acerqué, en primera fila, al astrofísico Mark Boslough, uno de los grandes investigadores de asteroides y meteoritos que han caído y siguen cayendo sobre la tierra. Mark es uno de estos “gringos” que se hacen querer: alto, sonriente, sencillo y muy simpático. Accedió rápidamente a que le entrevistáramos en un set improvisado que Marcos montó en una salita contigua al auditorio. Allí Mark nos sacó de su bolsillo una piedra, en realidad un pedazo del meteorito de Chelyabinsk que cayó en Rusia en 2013 provocando muchos desperfectos urbanos. El astrofísico – que vive en Nuevo Méjico –fue uno de los primeros en llegar a aquella localidad para investigar el suceso.

En su charla nocturna, en Adeje, Mark Boslough habló sobre los peligros que representan algunos meteoros y asteroides que se acercan a la Tierra, a ejemplo de Tunguska cuyo origen atribuye a un pedazo de un cometa que explotó en la atmósfera terrestre sobre la taiga Siberiana en 1908.

Por los pasillos y anexos al auditorio del hotel es donde se sucedían las anécdotas y contactos. El célebre zoólogo Richard Dawkins, autor del bestseller “El gen egoísta”, era uno de los pocos invitados que anduvo sólo en todo momento. Mientras otros venían acompañados de sus esposas, esposos, hijos o amigos, Dawkins deambulaba en solitario y en más de una ocasión nos lo encontramos despistado e incluso pidiéndonos información de cómo llegar al restaurante Mirador

En el hall de hotel le abordamos para solicitarle una entrevista. Con su mirada de águila, me miró de arriba abajo – haciéndome un “scanner” completo como si yo fuera un “bicho raro” – y, en seguida, a mi amigo, el biólogo y criptobiólogo Gustavo Sánchez Romero. No contestó a la petición y en plena marcha nos dijo: “me voy a mi habitación”. Nos quedamos perplejos pero esto aún no era lo peor. Vimos a una adolescente de no más de 14 años que le rogó a Dawkins – con una sonrisa de alegría y emoción – que le firmara uno de sus libros. El arrogante biólogo británico miró el libro y contestó: “en este congreso sólo firmo el libro oficial”. Y se quedó tan pancho… Un chico que le trajo el libro oficial del evento también sufrió una decepción por parte de su admirado biólogo: éste miró la primera página y leyó detenidamente una larga dedicatoria. Puso cara de desaprobación, cerró la tapa del libro y se lo entregó al fan sin firmarlo…

La charla proferida por Dawkins fue una verdadera estafa. Su prometedor título quedó en eso: “Una taxonomía tentativa de vida extraterrestre”. Digo estafa porque se trataba de un desvergonzado refrito de antiguos trabajos (quizá de los años 60 y 70) de otros biólogos y astrofísicos sobre la posibilidad de vida en otros planetas no a partir del carbono sino de otros elementos ¿Cómo serian los seres en un planeta sin gravedad? o ¿con mucha niebla? Es decir, algunos tímidos intentos de visualizar vida extraterrestre que muchos otros ya han realizado pero sin ninguna aportación nueva. Eso sí, logró ofrecer un titular para la prensa de que algún día encontraremos señales de vida inteligente en el Universo pero que no debemos preocuparnos: los alienígenas seguramente no nos invadirán pues están muy lejos de la Tierra. En suma, una decepcionante charla de Dawkins.

Además, este zoólogo es conocido por ser un escéptico radical y de emitir opiniones contundentes y polémicas con el objeto de despertar la atención ya no para un determinado tema (como la religión, el creacionismo o el darwinismo) sino para su propia persona. Es conocida su campaña antireligión en los autobuses londinenses donde mandó pegar eslóganes que negaban la existencia de Dios.

Tras unos tres intentos, Gustavo Sánchez (con su inestimable ayuda como intérprete) y yo logramos que, al final de las charlas, nos pudiera atender por diez minutos para grabarle una entrevista. Marcos ya tenía montado un pequeño set en un rincón del auditorio, al fondo. Allí nos conducimos con el ilustre invitado hasta que una trabajadora del hotel nos interrumpió de lleno: “a mi nadie me va a pedir silencio mientras esté trabajando para desmontar los equipos que aquí tenemos”, nos dijo sin ninguna educación y consideración.

La tensión aumentó pues Dawkins no es un tipo que tenga demasiada paciencia pero aún así lo llevamos al otro extremo del auditorio y intentamos remontar el set en tiempo récord. Mientras, Gustavo le daba conversación al científico y este, altivo, le pidió la lista de preguntas (en inglés y castellano) que tenía entre sus manos. De reojo miró la palabra UFO (una de las preguntas era sobre su opinión respecto a la desclasificación Ovni por parte del gobierno británico) y echando la hoja para delante – como si se tratara de un contrato con el mismo demonio – dijo que se iba, que no concedería la entrevista. Vimos como el flemático británico salía en línea recta, disparando, dejándonos boquiabiertos ante su compulsiva actitud.

EL DIA EN QUE DESAYUNE CON STEPHEN HAWKING (PARTE 1): Hawking, un “rock star” de la ciencia y el enfado del cosmonauta ruso

Conferencia de Stephen Dawking en Starmus 2014

Conferencia de Stephen Dawking en Starmus 2014

Stephen Hawking en Starmus 2014 de Tenerife

Stephen Hawking en Starmus 2014 de Tenerife

Garik Israelian: el "alma" de Starmus, y gran incentivador de las ciencias.

Garik Israelian: el “alma” de Starmus, y gran incentivador de las ciencias.

Alexei Leonov, el primer cosmonauta a realizar un paseo espacial.

Alexei Leonov, el primer cosmonauta a realizar un paseo espacial.

La segunda edición del festival-congreso Starmus – en su edición del 2014- está considerada como el “Davos de la Ciencia”. En el lujoso hotel Ritz-Carlton Abama ,en el sur de la isla canaria de Tenerife, se dieron cita entre los días 21 y 27 de septiembre algunos de los más importantes genios de la ciencia mundial, especialmente de la física y astrofísica.

La estrella principal del congreso llegó a Tenerife, desde las islas Británicas, a bordo de un crucero: era Stephen Hawking – el sabio aquejado por la esclerosis lateral amiotrófica – quien siempre vemos en una silla de ruedas, virtualmente paralizado, rodeado de cables que conectan un ordenador y pantalla para que se pueda comunicarse con el mundo exterior.

Tuve la dicha de ir al hotel para cubrir el gran evento para “Cuarto Milenio”. En el segundo día bajé a desayunar junto con el operador de cámara, Marcos Macarro y disfrutar de los pocos momentos que tendríamos libres antes de ingresar en un maratón agotador para intentar entrevistar a los participantes. De pronto vemos como un grupo de mujeres, una especie de cortejo femenino, se acerca a nosotros. Con sus alas protectoras conducen la silla de Stephen Hawking y ,para mi sorpresa, lo acomodan junto a una mesa a menos de un metro de donde estoy desayunando.

Las mujeres – algunas son sus enfermeras – le empiezan a preparar una papilla, aparentemente con gofio canario, mientras el sabio más importante de la física moderna procedía a mover un puntero sobre la pantalla de su ordenador personal. Lo hacia con los músculos de su boca. A derecha de la pantalla se desplegaba una especie de teclado y un menú con palabras más corrientes, como “which”, “for” o “they” que le ahorran tiempo a la hora de componer un texto. Éste se encontraba a la izquierda de la pantalla y me imaginé que estuviera contestando alguna pregunta demandada tres meses antes, tal como reza su protocolo personal, teniendo en cuenta la ardua tarea que debe ser escribir para Hawking con las dificultades inherentes a su enfermedad degenerativa.

Una de las mujeres empezó a suministrarle su desayuno con una cuchara mientras le sujetaba la cabeza. El genio aún disfrutaba en comer, uno de los pocos placeres carnales que le quedan ante su quebrantada situación física. Un día antes había presentado su charla en el horrible auditorio de Magma Artes & Congresos en Adeje. Digo horrible porque se trata de otra de las arrojadas obras arquitectónicas de hormigón, frío e desapacible, representativo de una escuela seguidora de Oscar Niemeyer sin alegría, sin verde y sin emoción.

En el auditorio le esperaban casi 1.500 personas que observaron la entrada de Hawking al plató con un silencio sepulcral. De pronto explota en el aire el sonido de una banda de rock (¿ACDC?) y estallan luces multicolores de focos que giran hacia todos lados. Al mismo tiempo la multitud empezaba a ovacionar y aclamar al encogidito sabio en su silla de ruedas tecnológica. Yo lo observé desde un pequeño anfiteatro, a una distancia de unos 7 u 8 metros y percibí que una sonrisa se esbozó en su sufrido rostro. El más grande de todos los sabios de la actualidad estaba disfrutando, estaba feliz por ver toda aquella gente que le esperaba para hablar de algo muy serie y sesudo: sobre el origen y destino de nuestro Universo.

Confieso que me emocioné en ver toda aquella turba tan emocionada como yo aplaudiendo a un minusválido, a un hombre prácticamente desvalido, pero cuyo cerebro prodigioso había alterado – para siempre – el rumbo de la física.

Pensé que aún hay esperanza en el seno de nuestra sociedad, de que no sólo Cristianos Ronaldos, Messis y Neymares son los astros. Que un viejo sabio puede ser casi tan popular como los deportistas me pareció extraordinario y encomiable.

En ambos lados del auditorio se proyectaban las palabras de la charla de Hawking -traducidas al castellano- titulada “El Origen del Universo”. Al fondo se proyectaban imágenes, como la de un Dios iracundo o un fragmento de la serie televisiva Star Trek en que aparece Hawking junto con Einstein. La ya conocida voz metálica que emite la computadora del físico reverberaba en el amplio auditorio. Aunque pudiera haber cambiado el tono de voz y el acento, el sabio prefirió mantenerlo, alegando que con el “acento norteamericano liga más que con el inglés”. El humor es otra de las características del gran sabio, una arma poderosísima para encarar su terrible enfermedad y alegrarnos a todos nosotros.

Algunos blogueros, más tarde, criticaron toda la parafernalia mediática que rodea a Hawking pero, digo yo, ¿por qué los científicos no tienen derecho a ser “estrellas mediáticas”? Si logran que la ciencia se acerque e entusiasme a más gente, a mi me parece muy positivo.

Antes de Hawking se presentó el músico e astrofísico Brian May, célebre por ser el guitarrista del grupo Queen. Nos proyectó bonitas imágenes en 3 Dimensiones, la mayoría manipuladas en el ordenador por él mismo a partir del viejo principio de uso de gafas para ver fotos de planetas, galaxias, satélites, etc. Pena que el afamado músico no estaba de buen humor y no quiso conceder entrevistas a la mayoría de los medios de comunicación.

Lo mismo le pasó al excosmonauta ruso Alexei Leonov, el primer hombre a realizar un paseo en espacio fuera de su cápsula, la Voskhod 2, en 1965. Leonov, que asistió la conferencia de Hawking, estaba de mal humor. Resulta que una noche antes él no consiguió plazas en el en el restaurante Mirador del hotel Ritz-Carlton-Abama. Por ello quedó apartado de los demás conferenciantes – científicos y astronautas – y acabó cenando con su esposa, hija y amigos rusos en un restaurante dentro del hotel, en frente de donde yo también cenaba.

Claro que eso, para un héroe de la antigua URSS – que ostentaba en el pecho sus medallas durante el día inicial del congreso – le debe haber sentado muy, muy mal. Se peleó el bueno de Garik Israelian, astrofísico armenio organizador del congreso que, a bien de la verdad, se vio desbordado por el gran número de periodistas, participantes y séquitos personales de los conferenciantes.

A raíz de este problema, Leonov no quiso atender a la prensa. En una ocasión me acerqué a él, le di la mano para saludarle y le dije brevemente que me gustaría entrevistarle. Me miró y se retiró sin darme respuesta. Vi que el célebre cosmonauta no estaba para bromas y, desgraciadamente no conseguimos la entrevista. Un día más tarde el ruso estaba un poco más tranquilo y ya firmaba algunos libros “Starmus: 50 years fo man in space” durante uno de los momentos de pausa de las ponencias. De hecho me firmó el libro en el capitulo dedicado a su hazaña cósmica y una foto que le presenté de él mismo vestido con el traje de cosmonauta, gesto que me hizo mucha ilusión pues, desde niño he admirado a toda aquella primera generación de cosmonautas rusos.

En una ponencia Leonov reveló su participación en el programa lunar soviético – que se llevó a cabo en secreto – como organizador del equipo de cosmonautas que debería viajar a la Luna. Lo más interesante es que él mismo Leonov había sido elegido para ser el primer hombre en pisar la Luna. El proyecto fracasó porque los norteamericanos se adelantaron y la mala suerte que tuvieron los soviéticos con los lanzamientos de grandes cohetes después de la muerte de Koriolov, uno de los padres de la cosmonáutica soviética.

En una ocasión vi a Alexei Leonov y Garik Armenian en el desayuno del hotel aparentemente fumando “la pipa de la paz”. Pero, infelizmente, ya era tarde para una entrevista: ya tenía una agenda muy llena de conferencias y de ocio. Además no contábamos con un traductor de ruso puesto que a Leonov se le olvidó el poco inglés que hablaba en la época de la misión Apollo-Soyuz de 1975.
Alexei Leonov

Garik Israelian

Stephen Hawking

conferencia Hawking (1)

En los Bastidores de “Cuarto Milenio”: Petare, la barriada venezolana de los Ovnis

Pocas veces hablamos de cómo se hacen los reportajes para Cuarto Milenio y las dificultades a las que tenemos que enfrentarnos en muchas ocasiones para sacar algunos minutos en televisión. Uno de los mejores ejemplos es el reportaje que hice sobre el llamado “Caso Petare”, un oscuro suceso clasificado como ufológico y ocurrido a finales del lejano año de 1954.

La base para mi investigación fue el mítico libro “Platillos Volantes en Iberoamérica y España” (1968) del padre de la ufología en España, el maestro Antonio Ribera. Además, las referencias sobre la casuística ufológica venezolana reflejada en “Pasaporte para Magonia”, otra obra imprescindible del doctor Jacques Vallée de 1969.

Son relatos de apariciones (raras, eso sí) de humanoides recogidas por el pionero de la ufología venezolana, Horacio González Ganteaume, desaparecido desde hace muchos años. Lo dejó reflejado especialmente en el boletín de la APRO (Aerial Phenomena Research Organization) de Tucson, EEUU, dirigida entonces por Jim y Coral Lorenzen. Después de esto, nunca más se volvió a hablar o reabrir alguna investigación sobre los casos de presuntos seres de otros mundos que desembarcaron en Venezuela para recoger muestras o pelear contra seres humanos.

El llamado “Caso Petare” es una de las historias más rocambolescas de ese año 1954, donde se vieron implicados dos transportistas y quizá tres seres de menos de un metro y medio de altura y una fuerza descomunal. Una pelea entre uno de los trabajadores y una criatura peluda y con la piel más dura que el acero muestra bien los extraño, por no decir, increíble del caso.

Pero a lo largo de toda mi vida como periodista he tratado de investigar in situ estas historias que acaban en el olvido y que circulan como un lejano rumor de tintes fantásticos y poco creíbles. Otrora estos casos recibían algún tratamiento por parte de la prensa generalista y hoy nada o casi nada. El prejuicio ante estas historias, la falta de preparación de los periodistas para abordar este tipo de información acaban por relegar casos como el de Petare al más absoluto ostracismo.

Pero he ahí también el gusto que puedo tener en investigar tales historias: por su marginación, exclusión y oscurantismo. Es decir, todos los ingredientes para que me pique la curiosidad al máximo. Antes de realizar el viaje a Venezuela por “Cuarto Milenio” me documenté todo lo que pude sobre el caso en mi propia biblioteca y en Internet.

Aparentemente, después que el incidente fuera denunciado por los dos transportistas en la Comisaría de Tráfico de Petare (con un parte oficial) nada más se volvió a comentar sobre el encontronazo que llevó al hospital a uno de los testigos con algunas magulladuras. Estaba delante de una “jugosa” historia que jamás se volvió a tratar por los medios de comunicación o por los ufólogos y que valía la pena rescatarla.

Antes había descartado varios casos de humanoides de aquél mismo mes de diciembre de 1954 por falta de más pistas y tras rastrear los nombres de los testigos que no aparecían en las listas telefónicas venezolanas. Pero tampoco los del caso Petare. Pero me di cuenta de que este era muy importante a causa de su elevado grado de extrañeza.

Tras la lectura de todo el material y con los apuntes en la libreta empecé a rastrear los ufólogos venezolanos. Desgraciadamente son muy pocos y hacen muy poca investigación de campo y menos aún de la casuística ufológica antigua. Algunos ni siquiera conocían la historia y otros sólo de oídas. El próximo paso fue contactar, desde España, con los medios de comunicación venezolanos, como periódicos, radios y televisiones. Pocos me contestaron o conocían la historia salvo una radio comunitaria de la región de Petare que me puso en contacto con un cronista local que tampoco sabía nada…

Todo esto a lo largo de más de un mes de esfuerzos sin ningún resultado. Además, algunos periodistas ni siquiera habían ido en su vida a Petare a causa de la peligrosidad de la zona, es decir, asesinatos, robos, secuestros, etc. Pues no me quedaba otra sino hacer – como en muchas otras ocasiones – un reportaje-investigación sobre el terreno, con todo el riesgo que ello conlleva.

Ya en Caracas, recogimos cerca del Museo Nacional de Ciencias, al periodista Héctor Escalante que, pese a ser un periodista dedicado a la política, realiza también reportajes serios sobre ufología en su país. Junto con el gran amigo y arqueólogo Pablo Novoa, Fernando Magdalena y el compañero de tantos reportajes, el operador de cámara José Alberto Gómez, nos dirigimos en un taxi hasta la temible barriada de Petare (incorporada al área metropolitana de Caracas) con más de 700 mil habitantes.

Paramos en una avenida cercana a la calle Bella Vista, donde supuestamente había aterrizado el Ovni y los dos transportistas vieron a las tres criaturas. Entramos en un bar para tomar algo y, debajo de un mostrador, dejamos la cámara y parte del equipo para que no estuviera tan a la vista. Indagamos al dueño del bar sobre el caso pero nada sabía al respecto.

El barrio no era muy diferente de muchas zonas pobres de Brasil que yo conozco tan bien y decidí arriesgarme mientras los compañeros tomaban algo en el bar. Crucé la avenida y enfilé por la calle Bella Vista. Pasé entre un mercadillo callejero, casi a su término, pues ya recogían las mercancías y, un poco más adelante, localicé a un grupo de señores que jugaban al dominó en una acera. Me acerqué y les saludé. Me recibieron cordialmente y hasta me ofrecieron un traguito de ron.

Tras algunas palabras y decirles de dónde venía les conté lo que buscaba. Saqué de la carpeta fotos y reproducciones de prensa del caso Petare de 1954. La mayoría meneó negativamente la cabeza pero uno, de más de 60 años, me dijo:

-Sí, esta historia la conozco. Además conozco a gente de aquella época que vivía aquí y que te puede ayudar.

Aquellas palabras fueron como un bálsamo: finalmente encontraba alguna pista de aquella lejana historia. Volví al bar y llamé a Héctor Escalante. Acudimos al informante y este nos llevó a la casa de una vecina cuya tía había visto el Ovni ascender al cielo. La mujer ya había fallecido pero su sobrina se acordaba perfectamente de lo sucedido y nos llevó hasta el lugar, cerca de una antigua charcutería, donde había aterrizado el Ovni, prácticamente en la esquina de su casa.

Luego contactamos con dos señores octogenarias que allí vivían en la época de los acontecimientos.

Pablo Novoa y Fernando Magdalena, que habían entrado en otro bar, “casualmente” hablando con una mujer, que resultada ser abogada y líder comunitaria, les confesó que ella había sido amiga del transportista cubano protagonista de la insólita pelea con un presunto extraterrestre. “Éste señor”- nos contaba ella – “murió hace tan sólo dos años y era mi amigo. Murió jurando, a pies juntillas, que todo lo que le sucedió fue verdad”.

Para terminar grabé una entradilla entre el sitio del aterrizaje del Ovni y el muro de lo que había sido la charcutería donde los dos transportistas iban a recoger la mercancía aquella fatídica noche de 1954. Aunque fuera en pleno día, se me pusieron los pelos de punta imaginando aquella extraña historia. La calle estaba desierta, tan sólo un vendedor de helados pasó por un momento. A mis espaldas se elevaba un cerro cubierto de chabolas y, a mi izquierda, un desangelado autobús estacionado mostraba, en su carrocería, unas pintadas con el omnipresente Bolívar y una frase lapidaria: “La Revolución es Educación”. Y yo añadiría: “Es nuestro deber recordar, no olvidar”.

http://www.cuatro.com/cuarto-milenio/programas/temporada-09/t09xp17/Caso-Petare_2_1723080169.html

http://www.cuatro.com/cuarto-milenio/programas-completos/Cuarto-Milenio-T09xP17_2_1724130061.html
petare foto

en los bastidores de Cuarto Milenio: EL HOMBRE QUE NUNCA EXISTIÓ

Cuando leí por primera vez la historia del “Hombre que nunca existió” me quedé impactado. Era un caso típico de cómo, una relativamente pequeña acción, pudo cambiar el rumbo de la historia, en este caso de la Segunda Guerra Mundial. Es decir, el llamado “Efecto Mariposa”.

La acción discurre entre Inglaterra y la provincia de Huelva en 1943. Cerca de una playa de ésta provincia española apareció, flotando, el cuerpo del comandante William Martin. A partir de ahí se desarrolla toda una trama de espionaje – entre británicos y alemanes – digna de las mejores películas de James Bond.

Sugerí el tema para “Cuarto Milenio” y me fui a Huelva a entrevistar los expertos en la materia, los escritores Diego Lopa Garrocho (autor de “Las Caras Ocultas de Huelva en la Segunda Guerra Mundial”) Jesús Copeiro (autor de “Huelva en la Segunda Guerra Mundial”).

También tuve el gusto de entrevistar a uno de los periodistas más veteranos de Huelva, José María Segovia, precursor en España de las investigaciones sobre la verdadera misión e identidad del misterioso cadáver (“El enigma de William Martin”, 1999).

Gracias a la amabilidad de Diego Lopa – hombre de letras y de televisión, con marcada vena reporteril – visitamos y entrevistamos a doña Isabel Naylor, la mujer que durante muchos años ha depositado flores en la tumba de quien se convirtió en héroe después de muerto. Esta tumba se encuentra en el cementerio de Huelva que también grabamos para el programa.

Probablemente el último hombre vivo que atestiguó el entierro del “agente secreto post-mortem” es Francisco Morales quien, pese a su delicado estado de salud, nos ofreció su valioso testimonio de aquél día luctuoso. Su padre era el propietario de la funeraria La Magdalena de Huelva quien llevó a cabo las pompas fúnebres.

Junto con Diego Lopa también grabamos recursos de imágenes en la playa donde sería arrastrado el cadáver de William Martin por un pescador. Fue el comienzo de una exitosa trama orquestada por los Servicios Secretos Británicos que acabarían por desviar la atención de los nazis de Sicilia hacia Cerdeña, salvando la vida de miles de aliados.

La recreación videográfica de la escena de la recogida del cadáver fue realizada, con la maestría de siempre, por el realizador-director Manuel Romo Bandrés, también del equipo de Cuarto Milenio. Acompañé en ese día los rodajes en un embalse cerca de Madrid y lo disfruté junto a los esforzados técnicos y actores.

En resultado final lo pueden ver en el link abajo, incluido el debate moderado por Iker Jiménez y con la participación de Lopa y Copeiro.

Pablo Villarrubia Mauso

http://www.mitele.es/programas-tv/cuarto-milenio/temporada-7/programa-283/

ALTAI: UN VIAJE A LAS MONTAÑAS DE LOS ANTI-HOMBRES

“EN LOS BASTIDORES DE “CUARTO MILENIO”

Esta es una nueva sección de mi blog dedicada a revelar algunos aspectos de mis reportajes en el conocido programa televisivo “Cuarto Milenio” (Cuatro TV).

Por Pablo Villarrubia Mauso

Fue un viaje duro pero, al final, tras superar múltiples dificultades, quedaron los buenos recuerdos. Así fue nuestra expedición “Cuarto Milenio” al corazón de Asia, a la República de Altai, enclavada entre Rusia, Kazajstán, Mongolia y China.
En esta aventura por un territorio prácticamente desconocido nos acompañó un querido amigo y hermano: Juan Antonio Sanz, veterano periodista de la agencia EFE que había estado durante varios años en la corresponsalía de Moscú. Después sería delegado en Japón.
Gracias al buen criterio de otro gran amigo, Iker Jiménez, Sanz formó parte de la expedición: habla perfectamente el ruso y es un apasionado por el misterio. Su participación en 2010 en “Cuarto Milenio” hablando sobre los misterios de Japón y también en el programa radiofónico de la cadena SER “Milenio 3” demostró que sus conocimientos sobre Asia son fruto de una verdadera pasión y devoción periodística.
Hace más de diez años conocí Moscú y San Petersburgo con Sanz e, incluso, llegamos a realizar una entrevista histórica a Alexander Kazantzev, el padre de la moderna astroarqueología y uno de los sabios más importantes de la antigua Unión Soviética. Basta mirar en cualquier página de Internet sobre el caso Tunguska de 1908 y su nombre estará asociado a una teoría revolucionaria para la época.
Pero volviendo al Altai, juntamente con otro amigo de varias aventuras, el operador de cámara José Alberto Gómez, salimos de Madrid rumbo a Moscú. Después de algunos reportajes en esa ciudad y en Voronezh, enfilamos hacia Barnaul, al sur de Novosibirsk, en una región remota de Siberia. Luego, por tierra, rodamos hasta Gorno Altaisk, la capital de la República de Altai. Allí conocimos al arqueólogo Liev Chevalkov quien nos sirvió de guía a lo largo y ancho de aquel territorio.
Todo fue emoción en estado puro: recorrimos la enigmática cordillera del Altai; llegamos hasta la frontera mongola vigilada por los agentes del antiguo KGB; estuvimos muy cerca de lo que podría ser un portal hacia la misteriosa Shambala, un mundo perdido gobernado por seres superiores; nos subimos a los impresionantes “kurganes”, las pirámides edificadas por los pueblos escitas; vivimos en nuestras carnes sensaciones únicas en el sitio arqueológico de Karakol, donde nuestras brújulas y teléfonos móviles enloquecieron; vimos el “El Tassili altaico”, un enclave de arte rupestre donde nos vigiló todo el tiempo un gigante con cabeza de hongo, el que titulé “Dios Marciano del Altai” ; escuchamos, estupefactos cómo el profesor Chevalkov había estado en contacto con los “anti-hombres” de las montañas; que un ingeniero había vivido una experiencia de “missing-time” en una zona remota de aquél inhóspito territorio con un grupo de exploradores…
Nuestra expedición fue histórica en el sentido de que por primera vez, un programa televisivo de España incursiona por la cordillera altaica en búsqueda de sus misterios más profundos. Volvimos con la sensación de que algo verdaderamente intenso mana de aquella tierra habitada por los descendientes de los escitas y mongoles. En suma, una tierra mítica donde el célebre explorador y pintor Nicolai Roerich pudo haber depositado la misteriosa piedra “Chintamani”, un mineral capaz de conceder deseos a su propietario, un punto de intersección entre el mundo subterráneo y las estrellas…

P.S: mis agradecimientos a Begoña Larena, editora de imagen y a todo el equipo de post-produción de Cuarto Milenio por el excelente trabajo de edición de imagen del reportaje.

JOSÉ LUIS CARDERO: EN DEMANDA DE LOS CAMINOS SECRETOS

Por Pablo Villarrubia Mauso


El profesor José Luis Cardero López es uno de los últimos auténticos enciclopedistas y humanistas que nos quedan en este principio de siglo XXI. Sus intervenciones en el programa “Cuarto Milenio” nos hacen deleitar con su erudición , lejos de la pedantería y superioridad de algunos pretendidos sabios. Eso porque Cardero es un hombre cercano que disfruta con la posibilidad que nos ofrece nuestra mente de alcanzar los más recónditos pensamientos arquetípicos.

Aunque use Internet y sus recursos, Cardero es un hombre sigue apreciando los libros – el papel amarillo con su olor característico – y su lectura en un rincón iluminado por una vieja lámpara de pie.
Cardero sabe que las páginas de los libros de papel están impregnadas de una extraña esencia dejada por los antiguos propietarios, una especie de memoria personal e intransferible.
Ocurre que el misterio que encierran los libros, los viejos legajos son una de las cuestiones clave de su reciente y recomendable novela, “El Sol Negro” (http://www.booksedit.com/) que nos transporta al otro lado del océano Atlántico para buscar los inquietantes secretos de un misterioso cargamento.
De pronto el lector se encontrará con la historia de Nathan o el profeta Sabbataï Tseví, protagonista de un movimiento mesiánico herético ocurrido entre los judíos de Esmirna y Salónica a mediados del siglo XVII, que se extendió a otros lugares de Europa.
En este libro encontraremos – camuflados – recuerdos personales del profesor Cardero de su infancia y juventud, así como aspectos familiares insospechados que se mezclan con una ficción muy cercana a la realidad.
El otro libro es “Ejército de muertos y viajes al otro lado”, obra esencial (también de http://www.booksedit.com/) que nos conduce al imaginario colectivo de muchos pueblos de Europa y de todo el planeta.
El maestro Cardero recoge impresionantes relatos que involucran a seres sobrenaturales – casi siempre difuntos y espíritus desencarnados – que quitaron el sueño a nuestros antepasados. Muchas de estas historias nos remiten a los pueblos nórdicos y desembocan en cementerios, bosques encantados y montañas mágicas.
Así nos permite adentrarnos en bosques como el de Broceliandia (en la Bretaña francesa) o los de su tierra natal, Galicia, donde la Santa Compaña deja aterrados a los aldeanos. Esta última tradición está arraigada, incluso, en lugares como Brasil – eso aún no se lo dije a Cardero – como el caso de una anciana descendiente de esclavos del estado de Bahia que vio a los muertos en procesión delante de su casa.
El poder de los espíritus de otro mundo atormentan al escritor que no duda en pelear contra aquellos que son realmente malignos. Para ello nos ofrece una explicación arquetípica basada en los conceptos de Jung y en los escritos de Mircea Eliade.
Termino citando un párrafo de esta obra imprescindible (página 289): “Cada vez que alguien cruza la barrera establecida entre dos mundos, pone a prueba todo un viejo complejo sistema normativo concebido para proteger a los seres humanos y a sus pequeñas y casi insignificantes islas culturales esparcidas por un espacio frío, inmensamente grande e inhóspito, pero en modo alguno desierto”.
http://www.misteriosconhistoria.com/index.php/soc-secretas/item/16-el-sol-negro.html
http://www.misteriosconhistoria.com/index.php/ocultismo/item/24-ejercitos-de-muertos-y-viajes-al-otro-mundo.html

Blog de José Luis Cardero:  http://www.joseluiscardero.com

EL ASTRONOMO QUE ESTUDIO LOS MÉDIUMS

“EN LOS BASTIDORES DE “CUARTO MILENIO”

Esta es una nueva sección de mi blog dedicada a revelar algunos aspectos de mis reportajes en el conocido programa televisivo “Cuarto Milenio” (Cuatro TV).

por Pablo Villarrubia Mauso

Allá por el principio de los años 70 solía mirar los libros que mis abuelos maternos poseían dentro de un mueble del salón de su casa. Vivían muy cerca de mis padres, en el barrio de Vila Guilherme, en la ciudad de São Paulo.

Entre los libros que el entonces niño Pablo hojeaba se encontraba uno, especialmente, que me llamaba la atención: “La Astronomía” de Josep Comas i Solà. Era una edición de 1939 (Ed. Ramón Sopena de Barcelona) con una portada magnífica mostrando un grabado en colores de escarpadas montañas lunares y un eclipse del Sol producido por la Tierra. Alrededor de este dibujo se esparcían cometas y planetas sobre un fondo de tela azul en un estilo bien típico de aquella época.

Quizá lo que más me sorprendió del libro fueron los dibujos del planeta Marte y de los satélites de Júpiter. Comas i Solà era un excelente astrónomo catalán que dirigía a principios del siglo XX el observatorio de Fabra, en el Tibidado (Barcelona). Su agudizada visión le permitió discernir algunas manchas en la superficie de Ganimedes y Calisto, algo inaudito para los instrumentos de aquella época. Además tuvo el mérito de descubrir que el satélite Titán (de Saturno, el más grande del sistema solar) tenía una atmosfera que, años más tarde, otros astrónomos confirmarían.

También descubrió cometas y asteroides además de ser un gran observador del Sol. Creo que ojeando esta obra en la penumbra del salón de mis abuelos me despertó la pasión por la astronomía y el firmamento. Basta decir que, con doce años, construí me primer telescopio refractor con un objetivo de 70 milímetros que encargué en una óptica y con una ocular de un microscopio roto. No os podéis imaginar la emoción que fue para mí ver los cráteres lunares con unos 30 aumentos, los anillos de Saturno, los cuatro principales satélites de Júpiter o las fases de Venus.

Poco a poco fui perfeccionando aquél telescopio, con una montura mejor, con mejores oculares, etc. También empecé a dibujar lo que veía – tal como hacía Comas i Solà – a través de las oculares.

Los intentos de fotografía astronómica no fueron muy positivos, sin embargo revelé yo mismo algunas fotos en blanco y negro, con carretes de 100 y 400 ASA.

Un día – ya en España – leyendo el libro “Historia de la Astronomía Amateur en España: hechos anécdotas, logros y sinsabores de una afición muy celestial” de Josep María Oliver (Ed. Sirius, 1997, Madrid) encuentro que Josep Comas i Solà (1868-1937) también se había dedicado a investigar los fenómenos entonces llamados mediúmnicos. Eso sí, desde un punto de vista científico y escépticamente sano. Hasta dejó publicada un obra sobre estas investigaciones en las que empieza con mucho ánimo (hasta creyendo en alguno de los fenómenos) y terminando decepcionado con los fraudes que pudo descubrir entre varios médiums.

Así surgió el reportaje que hice para “Cuarto Milenio”, entrevistando a personas como Manuel Berrocal (de la Sociedad Española de Parapsicología)David Santamaría, del Centre Barcelonès de Cultura Espírita,Alberto Jiménez, director del Observatorio Astronómico “El Castillo” de Borobia (Aragón) y Sebastían Darbó, periodista y gran divulgador de misterios. A todos ellos agradezco inmensamente la participación además de las excelentes dramatizaciones realizadas por el director de cine y tv Manuel Romo, que supo, con maestría, recrear el ambiente de época de las famosas sesiones espiritistas.

También, para este reportaje, tuve la oportunidad de conocer el magnífico Observatorio de Fabra, con extraordinarias vistas hacia la ciudad condal. En el interior de su cúpula se conserva el telescopio que Comas i Solà empleaba en sus observaciones nocturnas; en un sala está su escalofriante máscara mortuoria que a mí me recordó los moldes de cera de los rostros de presuntos espíritus que los médiums decimonónicos y de principios del siglo XX invocaban durante las sesiones alrededor de una mesa.

 

BOLIVIA- POTOSI: LAS MINAS DEL INFIERNO

“EN LOS BASTIDORES DE “CUARTO MILENIO”

Esta es una nueva sección de mi blog dedicada a revelar algunos aspectos de mis reportajes en el conocido programa televisivo “Cuarto Milenio” (Cuatro TV).

Por Pablo Villarrubia Mauso

Uno de los viajes más difíciles de mi vida fue, sin duda, el efectuado al corazón del territorio boliviano, en las entrañas de la tierra: las míticas minas de Potosí, a unos 4000 metros de altura. Allí, cada día, miles de hombres se juegan la vida en el llamado cerro Rico, una montaña horadada donde desde épocas precolombinas se explota la plata y otros minerales con sangre, sudor, lágrimas y muchas muertes.

La idea era hacer un reportaje para Cuarto Milenio mostrando una de las facetas antropológicas de las minas: la existencia del “Tío” o Supay, un personaje tenebroso, el ancestral guardián de las minas.

Para tenerle satisfecho, los hombres deben hacerle ofrendas – hojas de coca, cigarrillos, aguardiente, por ejemplo – para permitirles el paso hacia sus dominios subterráneos y concederles un poco de sus vetas minerales. Sus rogativas y regalos al “Tío” también sirven que sus vidas no sean cercenadas por su ira. La expresión de este sentimiento tan humano ha provocado – según la interpretación de los mineros – la muerte de muchos compañeros en derrumbes y otros presuntos accidentes.

Nuestro viaje empezó al entrar en una de estas “Minas del Infierno” con casco, mono y botas como las de los mineros. Vimos a hombres rudos, de poco hablar y poco sonreír, algo comprensible bajo las condiciones tan precarias de trabajo: deficiente aireación, túneles labrados artesanalmente y con pocas condiciones de seguridad además de salarios exiguos. Eso es sólo el comienzo.

Después de caminar unos pocos centenares de metros bajo la superficie, la sensación de agobio me asaltó de manera brutal. Hubo momentos en que me faltaba el aire, especialmente cuando, reptando, llegué por un estrecho túnel hasta la oquedad que alberga uno de estos “Tíos” de apariencia horrible, un muñeco de rostro descarnado con una boca ennegrecida por los cientos o miles de cigarrillos que le pusieron para “fumar”, para tenerlo calmado.

Según Desiderio Ventura Mamani, del Museo Minero del Santuario Virgen del Socavón (Oruro) el “Tío” es una representación simbólica de la montaña, del cerro, es como la Madre Tierra, la Pachamama, pero en sentido masculino. Algunos lo interpretan como demonio de la montaña, del cerro Rico, bajo la forma humana.

Nuestra tarea televisiva no fue fácil, especialmente para poder grabar en estos estrechos túneles. Juntamente con Marcos Macarro – experimentado operador de cámara y miembro de nuestro equipo – y el ayudante Carlos Cabanillas debimos, en varias ocasiones, lanzarnos contra las paredes del túnel cuando oíamos el ruido de las ruedas rechinantes de las carretillas repletas de mineral que avanzaban a toda velocidad para alcanzar la luz del día.

Nuestros rostros sudados se comprimían contra la roca y los cuerpos intentaban comprimirse para evitar el roce mortal de las carretillas rebosantes de material bruto de la tierra.

Pero eso no era nada comparado con el rudo trabajo de estos hombres que, con picos y palas, escarban pausada y pacientemente aquellas rocas con la esperanza de encontrar un mínimo de riqueza. Se contentan con llevar a sus hogares unos choclos, unas papas, leche, azúcar y poco más para dar de comer a sus familias.

Sus vidas son cortas, muy cortas, pues sus pulmones se desgastan tras largas jornadas en los túneles casi irrespirables. A ellos mi homenaje, a estos luchadores que les parece mucho más fácil negociar con el “Tío” que con los especuladores de su mano de obra.

 

LOS MILAGROS DEL DOCTOR ASUERO

EN LOS BASTIDORES DE “CUARTO MILENIO”
Esta es una nueva sección de mi blog dedicada a revelar algunos aspectos de mis reportajes en el prestigioso programa televisivo “Cuarto Milenio” (La Cuatro TV).                                                                                                        

LOS MILAGROS DEL DOCTOR ASUERO
Por Pablo Villarrubia Mauso

(reportaje emitido el 29 de enero de 2012)

En el año 2000 el que escribe estas líneas se encontraba en Buenos Aires, Argentina, invitado por la editorial EDAF (con un sucursal en aquella urbe) a dar una conferencia sobre mi libro “Un viaje mágico por los misterios de América”.
No me acuerdo si lo que os voy a contar ocurrió antes o después de un viaje que hice a las provincias norteñas de Catamarca y Jujuy…lo cierto es que estando en Buenos Aires fui a entrevistar al doctor Antonio Fiz Fernández a raíz de su obra “Antropología cultural, medicina indígena de América y arte rupestre argentino”, un auténtico compendio cultural de éste señor que había viajado por todas las Américas y buena parte del planeta.
Cuando llegué a su consultorio – en un viejo edificio del centro de la ciudad –me sentí transportado a tiempos pasados. Los muebles, el instrumental médico, todo era antiguo, recordando los años 20 y 30 del siglo pasado.
El afable doctor Fernández me enseñó unas extrañas varillas metálicas y me dijo:
-Con estas varillas traté a muchas personas. Las introducía por la nariz, tocaba el nervio trigémino y… ¡Zás! la gente salía curada. El método me lo enseñó el doctor Fernando Asuero, un médico vasco que vino a Argentina en los años 30. Hoy, poquísimos médicos emplean este método considerado maldito – me dijo el venerable galeno.
La verdad es que yo no sabía quién era el doctor Asuero hasta que un día leí un artículo de Janire Rámila en la revista “Más Allá de la Ciencia”. Me quedé estupefacto con los supuestos milagros de aquél hombre que descubrió, por acaso, una forma de curar a partir de las enervaciones del trigémino, algo que algunos comparan con la ancestral reflexoterapia.
Para el reportaje de “Cuarto Milenio” intenté contactar telefónicamente con el nieto de Asuero, también médico. Una voz expeditiva de mujer me dijo, al otro lado de la línea, que si quisiera hablar con el doctor Fernando Asuero (el mismo nombre su abuelo) debería escribirle una carta. Y me colgó…No le mandé una carta sino un telegrama y al cabo de algunos días me contestó.
Yo ya había regresado de San Sebastián – tierra de Asuero – donde entrevisté a varios especialistas para el reportaje televisivo. Sin embargo, al contrario de lo que me imaginaba, el médico jubilado se prestó venir a plató para, juntamente con Iker Jiménez y el doctor Cabrera, hablar sobre obra y vida de su fallecido abuelo que había creado una terapia, la “asueroterapia” que, por diversos motivos – especialmente por la ortodoxia científica y los celos – no se perpetuó en el tiempo, salvo, como dije al principio, entre algunos médicos, como el doctor Fiz Fernández.
Espero que alguien retome las investigaciones del médico vasco y se pueda verificar, hasta que punto, su terapia puede ayudar al ser humano.



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