Recife

 

RECIFE: LA CAPITAL DEL “MARACATU ATÓMICO”

Pernambuco suena, para los españoles, a un lugar muy lejano, quizá inalcanzable o imposible. Sin embargo Pernambuco es el nombre de uno de los estados brasileños más interesantes y que, de cara al Atlántico, tiene por excelencia el Sol y la playa próximos a la línea del ecuador. Paraíso quizá sea tópico muy manido para clasificar esa región donde confluyó la cultura indígena, europea y africana para formar una nueva y original identidad.

Llegué al moderno aeropuerto de Recife – capital del estado – procedente de Sao Paulo, aunque ya existen vuelos directos desde España. Antiguamente casi todos los aviones que venían de Europa o África hacían escala obligatoria allí, en el aeropuerto de Guararapes. Aviones más modernos han excluido la ciudad de la ruta por su mayor autonomía de vuelo sin repostar. No obstante, Recife ahora es escala de muchos turistas que han descubierto sus encantos.

El centro de la ciudad está formado por tres islas: Santo Antonio, Boa Vista y Recife, comunicadas con tierra firme y entre sí por más de dos docenas de puentes que cruzan los ríos Beberibe y Capibaribe. Estos canales han prestado el nombre de “Venecia Brasileña” a Recife que, desde mi punto de vista, es una comparación que está aún muy lejos de conseguirse pues la ciudad brasileña y la italiana son muy diferentes entre sí. Sus gentes abarcan todos los tonos de piel entre el blanco y el negro; sugerentes combinaciones muestran mulatos y mulatas de ojos muy verdes o descendientes de indios con piel más oscura por la influencia de nuestros hermanos africanos. En este crisol de razas poco espacio existe para la discriminación, exceptuando – como casi siempre en todos los lugares – la económica.

Maracatu atómico

Encendí la radio del hotel y sonó una extraña canción, con ritmos casi tribales que parecían mezclarse con registros sonoros de modernos sintetizadores y experimentos minimalistas. Era la música de Chico Science y Nação Zumbí, uno de los mejores grupos musicales del Brasil de los últimos años. Su base es el tradicional ritmo regional conocido por “maracatu”.

 

El maracatu alude también al baile y al son de tambores donde una mujer con una muñeca de trapo contorsiona su cuerpo como una serpiente. Su origen es africano y se practicaba durante la coronación de los “reyes negros” de Pernambuco, una parodia y ridicularización teatral a la entronización de los monarcas blancos europeos. Así los esclavos se vengaban de sus amos porque no podían impedir sus festividades.

Mientras escuchaba la canción “Maracatu Atómico” del prematuramente fallecido Chico Science – en un accidente automovilístico hace casi tres años – recordé otro aspecto folclórico de interés de la capital, el “frevo”, uno de las más excitantes y frenéticos bailes que jamás he visto, la “marca registrada” del carnaval pernambucano.

En la jerga de sus bailarines, “fazer o passo” se trata de agitar las piernas y brazos, subir y bajar con el cuerpo, girar vertiginosamente y saltar con la gracia de una gacela. A esto se le añade una sombrilla de multicolores que pasan de mano a otra con asombrosa velocidad y capacidad malabar.

Recife es una urbe con más de tres millones de habitantes. La costa del estado posee 187 kms de playas, algunas totalmente salvajes y aisladas. Una de las más bellas es, sin duda, la de Porto de Galinhas. La playa de Serrambi permite caminatas ecológicas y paseos hasta la isla de Santo Aleixo.

La ciudad sorprende por su modernismo a la vez que ha conservado muchos caseríos antiguos y edificios históricos que asoman entre su frondosa vegetación. Lo moderno lo encontramos en la playa de Boa Viagem, con sus hoteles suntuosos, su malecón y ferias de artesanías. Es más larga, más ancha y más limpia que la de Copacabana, en Río de Janeiro. En sus arenas se vende de todo, desde agua de coco hasta caipirinhas, además de suculentos cangrejos y camarones a muy buen precio.

Recife, al igual que Sao Paulo y Río de Janeiro, tiene su metropolitano (metro) que facilita mucho el desplazamiento de sus habitantes y turistas. Ha dado un batacazo al reinado del consumo de las dos ciudades mencionadas construyendo el centro comercial más grande de Sudamérica, como si de una exhibición de poder se tratara.

Se puede visitar interesantes museos como el Museu do Homem do Nordeste donde están algunos objetos que revelan la época de la esclavitud: grilletes y “collares” de yerro para aprisionar los negros africanos y sus descendientes. También lucen imágenes de santos y santas barrocas, ex-votos, estatuas de barro de grandes maestros alfareros como “maestro Vitalino” y el modernismo que mezcla regionalismos con esencias del arte de Picasso o Dalí.

En la Iglesia de Sao Francisco se puede visitar otro museo que rescató imágenes sacras de conventos e iglesias demolidas o derrumbadas de la urbe. Particularmente me gustó visitar el caserón de Gilberto Freire, un extraordinario intelectual pernambucano cuya obra, esencialmente sociológica, antropológica e histórica ha sido traducida a diversos idiomas, entre ellas “Casa Grande y Senzala” que trata de las relaciones entre amos y esclavos en el período colonial y su importancia en la formación de la actual sociedad brasileña.

Otro museo digno de ser visitado es el de La Ciudad. Se sitúa dentro de un antiguo fuerte holandés en forma de estrella. Construido en 1630 fue el último foco de resistencia flamenga hasta 1654 y quizá sea más interesante que la exposición museográfica en sí misma.

Macaxeira y feijoada

Uno de los aspectos que más me llamó la atención de la capital fue el reciente descubrimiento de la Sinagoga más antigua de las Américas, bajo una construcción posterior que estaba prácticamente abandonada. La comunidad judía de Recife fue muy importante, tanto de portugueses como de holandeses.

Estos últimos fueron expulsados por los lusos y españoles. Un pacto permitió que los no cristianos pudieran partir con sus pertenencias móviles – bajo la amenaza de incendiar la ciudad – y fundar una villa en la lejana isla de Mana Hata, en América del Norte. Más tarde la isla se llamaría Manhattan y su ciudad Nueva York…

Mis amigos de Recife me revelaron que su ciudad es la tercera del país con mayor oferta gastronómica. Las recetas tradicionales surgieron en los ambientes hogareños de las “Casas Grandes”, es decir, los caseríos de los señores de esclavos. La manos que creaban delicias eran negras, de jóvenes y ancianas que traían de África el recuerdo del bien comer. Otro tipo de gastronomía nacia dentro de los monasterios, antiguas recetas del Viejo Continente adaptadas al sabor de los trópicos.

Aunque me encante la variopinta artesanía de Recife – tallas de madera con escenas campesinas, muñecos de barro, cuadros naïf, etc – me atraen especialmente los libritos de la “literatura de cordel”. Reciben este nombre porque se venden colgados de cuerdas y los auténticos se imprimen con el método del xilograbado. Hoy la mayoría son impresos pero sus dibujos primitivistas y sus versos son muy interesantes: narran las peleas entre bandoleros y demonios, problemas sociales, historias de amor y odio o incluso de cosas tan útiles como enseñar a usar preservativos para evitar el SIDA.   

Pernambuco creció en función de las plantaciones de caña-de-azúcar a partir del siglo XVI tanto por los portugueses como por holandeses hasta su expulsión. El azúcar, en aquel entonces, era muy apreciado y valorado por los europeos y Brasil era su principal productor. Recife está incrustada en lo que restó de la Mata Atlántica, la selva que otrora cubría casi toda la costa de Brasil de Norte a Sur.

Todavía se puede apreciar en la región de Gravatá y Bonito, donde abundan cascadas y riachuelos. A 30 kms de la capital se encuentra la isla de Itamaracá, donde destaca el Fuerte holandés de Orange que renació entre ruinas y arenas de las manos de un ex-presidiario que se ha convertido en su guardián. El escenario – a escasos metros de la playa – recuerda al de los mares del Caribe, donde se cimbrean palmeras y surgen, por las noches, espectros de piratas, holandeses y portugueses peleando junto con sus aliados indígenas. (…)

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