EL DIA EN QUE DESAYUNÉ CON STEPHEN HAWKING PARTE III: la antropóloga, el astronauta de la Apollo, el Premio Nobel y el fisico

Mi misión en la isla de Tenerife para “Cuarto Milenio” me llevó más de diez días preparando un promedio de diez preguntas para cada uno de los 12 participantes del congreso científico Starmus. Debí preparar los dosieres individuales para saber quien era, que hacía y qué había hecho cada unos de los ilustres hombres de ciencia y del espacio, a excepción de una sola mujer, la encantadora Katerina Harvati, antropóloga griega experta en el hombre de Neandertal. Su charla sorprendió gratamente a todos al igual que la entrevista que me concedió. Habló sobre la posibilidad de que hubieran existido híbridos entre el Homo sapiens y el Neandertal y de que haya quedado algunos de sus genes en nuestra especie. Una de las preguntas concernía a la posibilidad de clonar, algún día, al esta especie desaparecida. “Aún si lo lográramos, ¿qué haríamos con ese hombre?”. La respuesta me pareció curiosa, pues Katerina se refería a la cuestión ética de revivir un ser humano que había desaparecido y tenerlo como una especie de conejillo de indias en el ámbito de la ciencia.

En este universo machista de la ciencia – ¿no habrá ilustres mujeres astrofísicas? – me encontré con uno de los grandes científicos del siglo XX, al educado y afable doctor Robert Wilson, físico y Premio Nobel en 1978 por su importante hallazgo: la radiación de fondo de microondas del Universo que confirmó la teoría del famoso Big Bang y la expansión del Universo. Nos dijo una frase inquietante, algo así como: “es más fácil que ya nos hayan llegado señales de vida inteligente desde el espacio que nosotros hayamos desarrollado una tecnología capaz de captar tales señales”. Una frase, sin duda, para reflexionar. También nos hizo reír con un comentario: que debíamos culparle, en parte, a él, por haber votado en la Unión Astronómica Internacional por la exclusión de Plutón como noveno planeta del nuestro sistema Solar.

Sobre este aspecto – la de la comunicación con inteligencias extraterrestres – sí que nos dejó boquiabiertos Garik Armenian, el entrañable organizador del congreso y astrofísico. Me contó que es posible que los alienígenas, en alguna parte del Universo, hayan podido modificar la superficie o corona de las estrellas. Es decir, que podrían haber enviado en cohetes algunas toneladas de isótopos producidos de forma artificial – e ejemplo del tecnecio – hacia una determinada estrella. Esto cambiaría su composición y sería visible en sus rayas espectrales.

Garik me señaló que pretende emplear el telescopio de 10 metros de diámetro del observatorio de Roque de los Muchachos, en la isla de La Palma, para poder comprobar esta su teoría: la de alienígenas cambiado la composición estelar como forma de aviso o recado de la presencia de vida inteligente en el entorno de tales soles. Algo como mínimo muy curioso y fuera de las convenciones sobre métodos de comunicación.

Después de uno de los desayunos salimos a los jardines del bonito hotel y nos encontramos al astronauta norteamericano Walter Cunningham, de la misión Apollo 7 del año 1968 . Este auténtico héroe de los primeros años de la conquista espacial nos atendió cordialmente y se prestó a que le entrevistáramos. Con 82 años, parecía tener diez menos por su vitalidad y lucidez.

Cunningham se quedo conmocionado al saber de la muerte de tres de sus compañeros que hacían prácticas dentro de la Apollo 1, en tierra. Un error fatal – una chispa y una atmósfera cerrada de oxigeno puro – provocó un incendio dentro de la cápsula que carbonizó a los tres héroes en pocos minutos. Walter Cunningham formaba parte de la tripulación de reemplazo de aquellos compañeros y podría haber sido, en otras circunstancias, una de aquellas víctimas.

Aún así tuvo el valor de participar de la misión Apollo 7, la primera después de la malograda Apollo 1 en contar con una tripulación humana. Su buen desarrollo debía ser fundamental para la continuación de la misión Apollo para conquistar la Luna antes que los soviéticos. Si Cunningham no hubiera realizado una serie de complicadas maniobras en órbita de la Tierra con éxito total el hombre (por lo menos los Estados Unidos) jamás habrían llegado a poner los pies en nuestro satélite natural: la NASA se hubiera visto obligada a cancelar todo el programa Apollo.

Pues allí estaba yo delante del hombre que permitió dar continuidad a aquél sueño tan hermoso. Contestó a todas las preguntas sin rechistar, incluso una que hacia referencia a unas presuntas esferas verdosas que había visto durante su vuelo espacial a la altura de Australia.

Cunningham dijo que no se trataba de Ovnis y que no creía que alguno de sus antiguos compañeros hubiera visto alguno. Lo dijo con mucha tranquilidad y firmeza. También añadió que él y otros astronautas afirman que no existe efecto invernadero provocado por la emisión de gases por parte del hombre. “La Tierra viene calentándose por otros motivos, naturales, desde hace siglos”. Éste mismo tema acabó por desencadenar una trepidante y tensa discusión en una rueda de prensa con el premio Nobel de química, Harold Kroto, que defendió una posición contraria. Kroto presentó una excelente ponencia (como casi todas) titulada “Carbono en Nano y el Espacio Ultraterrestre” mostrando también ser un buen editor de imágenes, ágiles y didácticas.

Por la tarde del día 24 de septiembre Cunningham nos brindó con su magnífica charla, una auténtica oda a la conquista del espacio y de nuevas fronteras del Universo. Empezó hablando sobre los viajes oceánicos de Hernán de Magallanes (o Fernão de Magalhães, pues era portugués), de los españoles, portugueses e ingleses que expandieron las fronteras de la vieja Europa. Destacó que fueron tres los elementos para llevar el hombre a la Luna: los recursos de una nación, la tecnología y la voluntad humana. Cunningham dijo que no fue por dinero que viajó en la Apollo 7 – fueron tan solo 700 dólares de la época – mas por una voluntad férrea de superarse y de lograr un tanto más en la conquista del espacio. Y lo consiguió.

Cunningham criticó la actual administración de la NASA y a los políticos de su país que no invierten en la conquista del espacio, que no quieren asumir riesgos. “Hoy la NASA está llena de burócratas que intentan eliminar los riesgos en base a la seguridad. La exploración del espacio no trata de eliminar riesgos sino de gestionarlos. Eso es una muestra de lo poco que arriesga nuestra sociedad actual”, critica el astronauta y añade: “hace falta que los nuevos exploradores estén dispuestos a morir si hay que conquistar el espacio. Yo pensaba así cuando volé en el Apollo 7”.

El congreso Starmus de Tenerife proseguía con su desfile de sabios. Sumamente interesante fue la charla de John Ellis, físico de partículas y uno de los mayores genios científicos de la humanidad. Trabaja en el CERN de Suiza donde los aceleradores de partículas son su día a día para deslindar los orígenes del Universo. Me acerqué para solicitarle una entrevista y accedió sin problemas. Llevaba una camiseta negra cubierta de fórmulas matemáticas. Sus cabellos blancos y largos, barba y gafas pequeñas llaman la atención del público y todos quieren fotografiarse con él, con el genio informal de la física.

Le pregunté sobre la célebre “partícula de Dios” y él me corrigió: “nosotros, los científicos, no nos gusta ese nombre, preferimos decir el Bosón de Higgs, el nombre de su descubridor”. Ellis aún duda sobre la existencia de Universos Paralelos y prefiere estudiar el nuestro que es más accesible. Habla un español perfecto y nos dijo que su esposa es colombiana. Hay una foto muy buena en Internet donde aparece Ellis en su despacho, rodeado de altas pilas de libros y papeles sobre su escritorio. De seguir así este gran físico podrá aún desvelar algunos de los grandes enigmas de la física como, por ejemplo, ¿dónde fue a parar la antimateria?

Walter Cunningham, astronauta de la Apollo VII firma una foto oficial de la misión para Pablo Villarrubia

Walter Cunningham, astronauta de la Apollo VII firma una foto oficial de la misión para Pablo Villarrubia

John Ellis, el gran físico del CERN

John Ellis, el gran físico del CERN

Katernia Harvati, una gran estudiosa de los neandertales

Katernia Harvati, una gran estudiosa de los neandertales

Robert Wilson, premio Nobel de Física

Robert Wilson, premio Nobel de Física

Walter Cunningham astronauta de la misión Apollo 7

Walter Cunningham astronauta de la misión Apollo 7

EL DÍA EN QUE DESAYUNÉ CON STEPHEN HAWKING parte 2

El gringo simpático y el zoólogo británico maleducado

Vista desde el Hotel de Abama de la isla de la Gomera durante el festival Starmus 2014

Vista desde el Hotel de Abama de la isla de la Gomera durante el festival Starmus 2014

Mark Boslough: un científico simpático e investigador de meteoros

Mark Boslough: un científico simpático e investigador de meteoros

acreditacion prensa pablo

Durante un de los “coffee break” del Starmus me acerqué, en primera fila, al astrofísico Mark Boslough, uno de los grandes investigadores de asteroides y meteoritos que han caído y siguen cayendo sobre la tierra. Mark es uno de estos “gringos” que se hacen querer: alto, sonriente, sencillo y muy simpático. Accedió rápidamente a que le entrevistáramos en un set improvisado que Marcos montó en una salita contigua al auditorio. Allí Mark nos sacó de su bolsillo una piedra, en realidad un pedazo del meteorito de Chelyabinsk que cayó en Rusia en 2013 provocando muchos desperfectos urbanos. El astrofísico – que vive en Nuevo Méjico –fue uno de los primeros en llegar a aquella localidad para investigar el suceso.

En su charla nocturna, en Adeje, Mark Boslough habló sobre los peligros que representan algunos meteoros y asteroides que se acercan a la Tierra, a ejemplo de Tunguska cuyo origen atribuye a un pedazo de un cometa que explotó en la atmósfera terrestre sobre la taiga Siberiana en 1908.

Por los pasillos y anexos al auditorio del hotel es donde se sucedían las anécdotas y contactos. El célebre zoólogo Richard Dawkins, autor del bestseller “El gen egoísta”, era uno de los pocos invitados que anduvo sólo en todo momento. Mientras otros venían acompañados de sus esposas, esposos, hijos o amigos, Dawkins deambulaba en solitario y en más de una ocasión nos lo encontramos despistado e incluso pidiéndonos información de cómo llegar al restaurante Mirador

En el hall de hotel le abordamos para solicitarle una entrevista. Con su mirada de águila, me miró de arriba abajo – haciéndome un “scanner” completo como si yo fuera un “bicho raro” – y, en seguida, a mi amigo, el biólogo y criptobiólogo Gustavo Sánchez Romero. No contestó a la petición y en plena marcha nos dijo: “me voy a mi habitación”. Nos quedamos perplejos pero esto aún no era lo peor. Vimos a una adolescente de no más de 14 años que le rogó a Dawkins – con una sonrisa de alegría y emoción – que le firmara uno de sus libros. El arrogante biólogo británico miró el libro y contestó: “en este congreso sólo firmo el libro oficial”. Y se quedó tan pancho… Un chico que le trajo el libro oficial del evento también sufrió una decepción por parte de su admirado biólogo: éste miró la primera página y leyó detenidamente una larga dedicatoria. Puso cara de desaprobación, cerró la tapa del libro y se lo entregó al fan sin firmarlo…

La charla proferida por Dawkins fue una verdadera estafa. Su prometedor título quedó en eso: “Una taxonomía tentativa de vida extraterrestre”. Digo estafa porque se trataba de un desvergonzado refrito de antiguos trabajos (quizá de los años 60 y 70) de otros biólogos y astrofísicos sobre la posibilidad de vida en otros planetas no a partir del carbono sino de otros elementos ¿Cómo serian los seres en un planeta sin gravedad? o ¿con mucha niebla? Es decir, algunos tímidos intentos de visualizar vida extraterrestre que muchos otros ya han realizado pero sin ninguna aportación nueva. Eso sí, logró ofrecer un titular para la prensa de que algún día encontraremos señales de vida inteligente en el Universo pero que no debemos preocuparnos: los alienígenas seguramente no nos invadirán pues están muy lejos de la Tierra. En suma, una decepcionante charla de Dawkins.

Además, este zoólogo es conocido por ser un escéptico radical y de emitir opiniones contundentes y polémicas con el objeto de despertar la atención ya no para un determinado tema (como la religión, el creacionismo o el darwinismo) sino para su propia persona. Es conocida su campaña antireligión en los autobuses londinenses donde mandó pegar eslóganes que negaban la existencia de Dios.

Tras unos tres intentos, Gustavo Sánchez (con su inestimable ayuda como intérprete) y yo logramos que, al final de las charlas, nos pudiera atender por diez minutos para grabarle una entrevista. Marcos ya tenía montado un pequeño set en un rincón del auditorio, al fondo. Allí nos conducimos con el ilustre invitado hasta que una trabajadora del hotel nos interrumpió de lleno: “a mi nadie me va a pedir silencio mientras esté trabajando para desmontar los equipos que aquí tenemos”, nos dijo sin ninguna educación y consideración.

La tensión aumentó pues Dawkins no es un tipo que tenga demasiada paciencia pero aún así lo llevamos al otro extremo del auditorio y intentamos remontar el set en tiempo récord. Mientras, Gustavo le daba conversación al científico y este, altivo, le pidió la lista de preguntas (en inglés y castellano) que tenía entre sus manos. De reojo miró la palabra UFO (una de las preguntas era sobre su opinión respecto a la desclasificación Ovni por parte del gobierno británico) y echando la hoja para delante – como si se tratara de un contrato con el mismo demonio – dijo que se iba, que no concedería la entrevista. Vimos como el flemático británico salía en línea recta, disparando, dejándonos boquiabiertos ante su compulsiva actitud.