En los Bastidores de “Cuarto Milenio”: Petare, la barriada venezolana de los Ovnis

Pocas veces hablamos de cómo se hacen los reportajes para Cuarto Milenio y las dificultades a las que tenemos que enfrentarnos en muchas ocasiones para sacar algunos minutos en televisión. Uno de los mejores ejemplos es el reportaje que hice sobre el llamado “Caso Petare”, un oscuro suceso clasificado como ufológico y ocurrido a finales del lejano año de 1954.

La base para mi investigación fue el mítico libro “Platillos Volantes en Iberoamérica y España” (1968) del padre de la ufología en España, el maestro Antonio Ribera. Además, las referencias sobre la casuística ufológica venezolana reflejada en “Pasaporte para Magonia”, otra obra imprescindible del doctor Jacques Vallée de 1969.

Son relatos de apariciones (raras, eso sí) de humanoides recogidas por el pionero de la ufología venezolana, Horacio González Ganteaume, desaparecido desde hace muchos años. Lo dejó reflejado especialmente en el boletín de la APRO (Aerial Phenomena Research Organization) de Tucson, EEUU, dirigida entonces por Jim y Coral Lorenzen. Después de esto, nunca más se volvió a hablar o reabrir alguna investigación sobre los casos de presuntos seres de otros mundos que desembarcaron en Venezuela para recoger muestras o pelear contra seres humanos.

El llamado “Caso Petare” es una de las historias más rocambolescas de ese año 1954, donde se vieron implicados dos transportistas y quizá tres seres de menos de un metro y medio de altura y una fuerza descomunal. Una pelea entre uno de los trabajadores y una criatura peluda y con la piel más dura que el acero muestra bien los extraño, por no decir, increíble del caso.

Pero a lo largo de toda mi vida como periodista he tratado de investigar in situ estas historias que acaban en el olvido y que circulan como un lejano rumor de tintes fantásticos y poco creíbles. Otrora estos casos recibían algún tratamiento por parte de la prensa generalista y hoy nada o casi nada. El prejuicio ante estas historias, la falta de preparación de los periodistas para abordar este tipo de información acaban por relegar casos como el de Petare al más absoluto ostracismo.

Pero he ahí también el gusto que puedo tener en investigar tales historias: por su marginación, exclusión y oscurantismo. Es decir, todos los ingredientes para que me pique la curiosidad al máximo. Antes de realizar el viaje a Venezuela por “Cuarto Milenio” me documenté todo lo que pude sobre el caso en mi propia biblioteca y en Internet.

Aparentemente, después que el incidente fuera denunciado por los dos transportistas en la Comisaría de Tráfico de Petare (con un parte oficial) nada más se volvió a comentar sobre el encontronazo que llevó al hospital a uno de los testigos con algunas magulladuras. Estaba delante de una “jugosa” historia que jamás se volvió a tratar por los medios de comunicación o por los ufólogos y que valía la pena rescatarla.

Antes había descartado varios casos de humanoides de aquél mismo mes de diciembre de 1954 por falta de más pistas y tras rastrear los nombres de los testigos que no aparecían en las listas telefónicas venezolanas. Pero tampoco los del caso Petare. Pero me di cuenta de que este era muy importante a causa de su elevado grado de extrañeza.

Tras la lectura de todo el material y con los apuntes en la libreta empecé a rastrear los ufólogos venezolanos. Desgraciadamente son muy pocos y hacen muy poca investigación de campo y menos aún de la casuística ufológica antigua. Algunos ni siquiera conocían la historia y otros sólo de oídas. El próximo paso fue contactar, desde España, con los medios de comunicación venezolanos, como periódicos, radios y televisiones. Pocos me contestaron o conocían la historia salvo una radio comunitaria de la región de Petare que me puso en contacto con un cronista local que tampoco sabía nada…

Todo esto a lo largo de más de un mes de esfuerzos sin ningún resultado. Además, algunos periodistas ni siquiera habían ido en su vida a Petare a causa de la peligrosidad de la zona, es decir, asesinatos, robos, secuestros, etc. Pues no me quedaba otra sino hacer – como en muchas otras ocasiones – un reportaje-investigación sobre el terreno, con todo el riesgo que ello conlleva.

Ya en Caracas, recogimos cerca del Museo Nacional de Ciencias, al periodista Héctor Escalante que, pese a ser un periodista dedicado a la política, realiza también reportajes serios sobre ufología en su país. Junto con el gran amigo y arqueólogo Pablo Novoa, Fernando Magdalena y el compañero de tantos reportajes, el operador de cámara José Alberto Gómez, nos dirigimos en un taxi hasta la temible barriada de Petare (incorporada al área metropolitana de Caracas) con más de 700 mil habitantes.

Paramos en una avenida cercana a la calle Bella Vista, donde supuestamente había aterrizado el Ovni y los dos transportistas vieron a las tres criaturas. Entramos en un bar para tomar algo y, debajo de un mostrador, dejamos la cámara y parte del equipo para que no estuviera tan a la vista. Indagamos al dueño del bar sobre el caso pero nada sabía al respecto.

El barrio no era muy diferente de muchas zonas pobres de Brasil que yo conozco tan bien y decidí arriesgarme mientras los compañeros tomaban algo en el bar. Crucé la avenida y enfilé por la calle Bella Vista. Pasé entre un mercadillo callejero, casi a su término, pues ya recogían las mercancías y, un poco más adelante, localicé a un grupo de señores que jugaban al dominó en una acera. Me acerqué y les saludé. Me recibieron cordialmente y hasta me ofrecieron un traguito de ron.

Tras algunas palabras y decirles de dónde venía les conté lo que buscaba. Saqué de la carpeta fotos y reproducciones de prensa del caso Petare de 1954. La mayoría meneó negativamente la cabeza pero uno, de más de 60 años, me dijo:

-Sí, esta historia la conozco. Además conozco a gente de aquella época que vivía aquí y que te puede ayudar.

Aquellas palabras fueron como un bálsamo: finalmente encontraba alguna pista de aquella lejana historia. Volví al bar y llamé a Héctor Escalante. Acudimos al informante y este nos llevó a la casa de una vecina cuya tía había visto el Ovni ascender al cielo. La mujer ya había fallecido pero su sobrina se acordaba perfectamente de lo sucedido y nos llevó hasta el lugar, cerca de una antigua charcutería, donde había aterrizado el Ovni, prácticamente en la esquina de su casa.

Luego contactamos con dos señores octogenarias que allí vivían en la época de los acontecimientos.

Pablo Novoa y Fernando Magdalena, que habían entrado en otro bar, “casualmente” hablando con una mujer, que resultada ser abogada y líder comunitaria, les confesó que ella había sido amiga del transportista cubano protagonista de la insólita pelea con un presunto extraterrestre. “Éste señor”- nos contaba ella – “murió hace tan sólo dos años y era mi amigo. Murió jurando, a pies juntillas, que todo lo que le sucedió fue verdad”.

Para terminar grabé una entradilla entre el sitio del aterrizaje del Ovni y el muro de lo que había sido la charcutería donde los dos transportistas iban a recoger la mercancía aquella fatídica noche de 1954. Aunque fuera en pleno día, se me pusieron los pelos de punta imaginando aquella extraña historia. La calle estaba desierta, tan sólo un vendedor de helados pasó por un momento. A mis espaldas se elevaba un cerro cubierto de chabolas y, a mi izquierda, un desangelado autobús estacionado mostraba, en su carrocería, unas pintadas con el omnipresente Bolívar y una frase lapidaria: “La Revolución es Educación”. Y yo añadiría: “Es nuestro deber recordar, no olvidar”.

http://www.cuatro.com/cuarto-milenio/programas/temporada-09/t09xp17/Caso-Petare_2_1723080169.html

http://www.cuatro.com/cuarto-milenio/programas-completos/Cuarto-Milenio-T09xP17_2_1724130061.html
petare foto

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2 comentarios

  1. archimaldito said,

    5 enero 2014 a 5:45 pm

    “Es nuestro deber recordar, no olvidar”. Un deber que algunos no están interesados en que se nos quede grabado en las memorias, la histórica y la personal. Excelente post, querido amigo.

  2. José Luis CARDERO said,

    30 enero 2016 a 12:29 pm

    Impresionante, querido amigo. Gracias por compartir esa experiencia. Un fuerte abrazo


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