Uyuni: el salar del fin del mundo

En los confines del altiplano boliviano se extiende el más grande depósito natural de sal del mundo: el salar de Uyuni. Su manto blanco cubre más de 12 mil kilómetros cuadrados y se alarga sobre un inmenso desierto por casi 200 kilómetros en pleno corazón de Bolivia.

Hasta hace unos 40.000 años el territorio del actual salar de Uyuni estaba cubierto por un gran lago. Hoy es el mayor desierto de sal del mundo y está situado a una altura de 3.700 mts. Desde la órbita terrestre los astronautas detectan este salar a simple vista, pues su superficie refleja la luz del Sol como si fuera un gigantesco espejo.

En diciembre de 2010 me encontraba en el pueblo de Uyuni juntamente con el camarógrafo Marcos Macarro y el técnico de imagen Carlos Cabanillas para realizar otro reportaje-documental para el prestigioso programa de TV Cuarto Milenio. Nos guió la joven y emprendedora Jaira Rivera Mazorco, de Fremen Tours, conocedora de éste extenso territorio y sus secretos.

A las afueras del pueblo pudimos ver y grabar un verdadero cementerio de locomotoras y vagones de trenes encallados en el desierto. Con un todo-terreno recorrimos centenares de kilómetros. Estacionamos en la base del volcán Tunupa (5.432 mts) y, en sus laderas, encontramos una cueva con las momias de Coqueza. El volcán recibe ese nombre en función de un dios, el creador de los pueblos aimaras y señor del rayo. Otros consideran que era una reina poderosa que creó el salar.

Lo cierto es que en sus laderas se han visto fuegos sobrenaturales, especialmente en el mes de junio, que los indígenas de la zona asocian a antiguos enterramientos humanos y a sus tesoros, los denominados “tapados”.

Algunos creen que el salar oculta en su subsuelo una base secreta de Ovnis. Conjeturan que es a causa de un mineral que allí abunda: el litio, un metal empleado en la fabricación de baterías. El salar albergaría una de las mayores reservas del mundo, al igual que otros minerales raros.

El todoterreno también recorrió zonas conocidas como “valle de rocas” o “árboles de piedra”, grupos de extrañas formaciones rocosas. Dentro del parque Nacional Eduardo Avaroa vimos diversas lagunas cuyos colores se relacionan con la existencia de algas microscópicas, como la Laguna Colorada o cristales de magnesio, en el caso de la laguna Verde vigilada por el imponente volcán Licancabur.

Cerca de la laguna Colorada, poblada de flamencos andinos, se extiende un campo repleto de geiseres, charcas de arcillas ardientes y burbujeantes, resultado del intenso calor volcánico acumulado bajo el desierto.

En fin, este fue uno de los viajes más espectaculares que realicé por América y muestra del rico paisaje geográfico y humano de Bolivia.

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